TEMA 12: MOISÉS LUCHA POR LA LIBERTAD
Objetivo doctrinal:
Dios imprime en nuestra alma la necesidad de ser libres para ir
hacia Él.
Objetivo vivencial:
Ser conscientes de que somos débiles y tenemos que ejercitar
nuestra fuerza de voluntad en el sacrificio y la oración.
Enlace:
·
Dios escoge guías entre nosotros
para llevarnos a Él. Moisés es escogido por su gran amor a Dios, su fe en el Señor
y el amor a su pueblo. Él desea que su pueblo esté unido y libre para amarle y
darle culto.
·
En el camino hacia Dios es fácil
perderse, si confiamos, sólo en nuestras fuerzas. Debemos tener presentes siempre
nuestro fin último y vivir en la presencia de Dios.
Dinámica:
La historia de nuestra religión no comienza con el nacimiento de
Nuestro Señor Jesucristo. Dios fue preparando a su pueblo para que lo aceptara
y lo amara.
·
¿Se yo cuál es esa historia?
·
¿He oído hablar de Adán y Eva y su
pecado original?
·
¿De Abraham con quien Dios hizo su
alianza para mandarnos un Salvador?
·
¿De Jacob, José que lleva a su
pueblo a Egipto para que no muera de hambre?
Puntos doctrinales a desarrollar:
Lucha por la libertad
Vimos como en la primera parte del Éxodo, Moisés lucha con el
Faraón acompañado del poder de Dios, hasta que el Faraón se rinde a la voluntad
de Dios y deja a los israelitas salir de la esclavitud hacia la Tierra
Prometida. El Señor los guiaba:
“Nunca faltó la columna de nube durante el día, ni la columna de
fuego por la noche delante del pueblo” (Éxodo 13, 22).
En la segunda parte se nos narra la travesía de todo el pueblo
israelita hacia la libertad; “en número de unos seiscientos
mil hombres de a pie
sin contar niños. También salió agregada a ellos una turba inmensa de gente de toda clase, ovejas y
ganados mayores y todo género de animales en grandísimo número” (Éxodo 12, 37-38).
Al ser encontrados junto al Mar Rojo por los soldados del Faraón
los israelitas se aterrorizan y le reclaman a Moisés, pero él con gran fe sabe
que Dios no los abandona y hará prodigios para salvarlos. Así Dios le dice a
Moisés que levante su vara y la extienda hacia el mar, dividiéndolo para que
marchen en medio.
Camina, el sorprendido pueblo, entre dos paredes de agua y al
pasar ellos, el Señor le dice a Moisés que extienda su mano para que regresen
las aguas a su lugar. Así murieron todos los egipcios que perseguían a los
israelitas.
El pueblo entero alabó a Dios y agradeció con cantos y bailes.
Huida por el desierto hacia la Tierra Prometida
Siguieron hacia el desierto y pronto no tuvieron más que agua
amarga que beber, y el pueblo reclamaba a Moisés que los llevara tan lejos para
morir de sed. Moisés clamó al Señor agua endulzada por un madero. ¿Podría esto
sé un simbolismo de como endulza el madero de la Cruz la amargura de la vida?
Más adelante, rumbo al Monte Sinaí comenzaron con hambre, con el
hambre añoraron los calderos llenos de carne en Egipto y de nuevo, le
reclamaron a Moisés, quien a su vez intercedió ante el Señor por su pueblo.
Dios habló al pueblo y les dijo que esa misma tarde comerían carne y al día
siguiente pan en abundancia.
Esa tarde llegó cantidad de codornices y a la mañana siguiente una
sustancia que cubría la superficie de la tierra “...una cosa menuda y como machacada con almirez (mortero). Le llamaron maná y era blanco,
del tamaño de la semilla de
cilantro y su sabor como pastelillo amasado con miel...” (Éxodo 16, 31).
Con el maná que caía del cielo se alimentó el pueblo israelita
durante cuarenta años que duró su viaje hasta Canaán.
Este maná es también figura o simbolismo de la Eucaristía que
viene del cielo para alimentarnos en nuestro peregrinar por la tierra:
“Les respondió Jesús: En verdad, en verdad os digo, Moisés no os
dio pan del cielo: mi Padre es quien os da a vosotros el verdadero pan del
cielo” (Jn., 6, 32).
En otra ocasión, acamparon en un sitio donde no había agua y el
pueblo estaba enojado, amotinándose contra Moisés y dudando de Dios, pero Él
hizo que Moisés sacara agua al golpear una piedra y así se tranquilizó el
pueblo.
En su peregrinar tuvieron que librar batallas, una de ellas contra
los amalecitas en la cual ganaban terreno los israelitas cuando Moisés elevaba
los brazos y los amalecitas ganaban ventaja cuando los bajaba, por lo que
Aarón, su hermano y otro de sus compañeros tuvieron que sostenerle los brazos
en alto con la vara de Dios hasta que se ganó la batalla al caer la noche.
Muchos Padres de la fe ven el símbolo de la Cruz de Jesús en esta
figura. Claramente se ve como Dios nos sostiene siempre.
El Decálogo
Llegaron después de tres meses de caminar al Monte Sinaí, en donde
Dios les da la Ley, es decir, los Mandamientos. Su Ley para establecer con
ellos un pacto, lo que deben hacer o no hacer para mantenerse en el camino
hacia Él, en su amistad. La Ley se las da en Diez
Mandamientos, a los
que se nombra Decálogo, este pacto o alianza que hace Dios
con Moisés, es lo que se conoce como la Antigua Alianza. Con el Sacrificio de
la Cruz, se sella la Nueva Alianza, que es la que nos rige desde ese momento.
Esto no quiere decir que la Ley de Moisés es nula, pues Él mismo nos dijo: “Yo no vine a quitar la Ley, al contrario un nuevo mandamiento os doy: Que se
amen los unos a los otros como yo os he amado”.
Los israelitas veían humo y escuchaban truenos provenientes del
Sinaí, se atemorizaron. Moisés que sabía del amor de Dios por su pueblo, los
calmaba, pues sabía que eran como niños que obedecían más por temor que por
amor.
Muchas leyes y mandatos encontramos en el libro del Éxodo, que
define las obligaciones de los israelitas para con Dios, otras para establecer
leyes de relación entre ellos mismos, sobre todo para esa peregrinación de
cuarenta años.
Moisés hablaba mucho tiempo con Dios, y continuamente en el Sinaí.
El pueblo perdía la fe, al no verlo por largo tiempo, decidieron hacerse un
becerro de oro para alabar y ofrecerle holocaustos.
Al bajar del Monte Sinaí Moisés se enojó tanto, que rompió las
tablas de piedra en las que Dios había grabado el decálogo y ejecutó a muchos
de los sacrílegos. Dios quería castigar al pueblo por sus tantas infidelidades,
pero Moisés intercede por ellos.
El hombre muchas veces sacrifica la libertad, por la comodidad, se
entrega a sus temores de fracasos por no luchar, por no confiar en Dios o por
un ansia de una libertad equivocada que es no obedecer a nadie, a pesar de las
consecuencias. Al olvidar nuestro destino nos convertimos en esclavos, perdemos
nuestra libertad.
A pesar de que han pasado muchos siglos desde Moisés hasta
nosotros, vemos como la historia se repite todos los días, el hombre es infiel,
pero Dios siempre lo busca y le es fiel.
Preguntas para reflexionar:
·
¿Estoy convencido que la Eucaristía
es el verdadero alimento para lograr la salvación?
·
¿Cuál es mi actitud ante la
problemática de la vida, me olvido de Dios ante el primer obstáculo?
·
¿Estoy consciente del valor de la
Cruz en mi vida?
·
¿Cuántos becerros de oro me
fabrico?
·
¿Soy verdaderamente libre, o soy un
esclavo de mis pasiones, mi egoísmo, etc.?
Aplicaciones en la vida diaria:
·
Tratar de no perder de vista mi
último fin y corresponder con la misma fidelidad que Dios tiene para conmigo.
·
Participar en el Sacramento de la
Eucaristía cada vez que se me presente la ocasión.
Actividades sugeridas:
·
Completar las siguientes frases:
El ______ es el simbolismo de la Eucaristía.
Con Jesús se sella la _____________.
La Alianza en el Sinaí es llamada la _________________.
En el Decálogo encontramos _________________ que nos llevan hacia
__________.
El pueblo de Israel se desesperaba porque no _______________ en
Dios.
Lecturas de apoyo:
·
Catecismo de la Iglesia Católica
num. 1094; 1334; 2052-2082.
·
Éxodo 20, 2-17; 19, 1-25; 32, 1-24.
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