miércoles, 23 de enero de 2019

MOISÉS


TEMA 12:  MOISÉS LUCHA POR LA LIBERTAD
Objetivo doctrinal:
Dios imprime en nuestra alma la necesidad de ser libres para ir hacia Él.
Objetivo vivencial:
Ser conscientes de que somos débiles y tenemos que ejercitar nuestra fuerza de voluntad en el sacrificio y la oración.


Enlace:
·        Dios escoge guías entre nosotros para llevarnos a Él. Moisés es escogido por su gran amor a Dios, su fe en el Señor y el amor a su pueblo. Él desea que su pueblo esté unido y libre para amarle y darle culto.
·        En el camino hacia Dios es fácil perderse, si confiamos, sólo en nuestras fuerzas. Debemos tener presentes siempre nuestro fin último y vivir en la presencia de Dios.
Dinámica:
La historia de nuestra religión no comienza con el nacimiento de Nuestro Señor Jesucristo. Dios fue preparando a su pueblo para que lo aceptara y lo amara.

·        ¿Se yo cuál es esa historia?
·        ¿He oído hablar de Adán y Eva y su pecado original?
·        ¿De Abraham con quien Dios hizo su alianza para mandarnos un Salvador?
·        ¿De Jacob, José que lleva a su pueblo a Egipto para que no muera de hambre?

Puntos doctrinales a desarrollar:
Lucha por la libertad
Vimos como en la primera parte del Éxodo, Moisés lucha con el Faraón acompañado del poder de Dios, hasta que el Faraón se rinde a la voluntad de Dios y deja a los israelitas salir de la esclavitud hacia la Tierra Prometida. El Señor los guiaba:
“Nunca faltó la columna de nube durante el día, ni la columna de fuego por la noche delante del pueblo” (Éxodo 13, 22).

En la segunda parte se nos narra la travesía de todo el pueblo israelita hacia la libertad; “en número de unos seiscientos mil hombres de a pie sin contar niños. También salió agregada a ellos una turba inmensa de gente de toda clase, ovejas y ganados mayores y todo género de animales en grandísimo número” (Éxodo 12, 37-38).
Al ser encontrados junto al Mar Rojo por los soldados del Faraón los israelitas se aterrorizan y le reclaman a Moisés, pero él con gran fe sabe que Dios no los abandona y hará prodigios para salvarlos. Así Dios le dice a Moisés que levante su vara y la extienda hacia el mar, dividiéndolo para que marchen en medio.
Camina, el sorprendido pueblo, entre dos paredes de agua y al pasar ellos, el Señor le dice a Moisés que extienda su mano para que regresen las aguas a su lugar. Así murieron todos los egipcios que perseguían a los israelitas.
El pueblo entero alabó a Dios y agradeció con cantos y bailes.

Huida por el desierto hacia la Tierra Prometida
Siguieron hacia el desierto y pronto no tuvieron más que agua amarga que beber, y el pueblo reclamaba a Moisés que los llevara tan lejos para morir de sed. Moisés clamó al Señor agua endulzada por un madero. ¿Podría esto sé un simbolismo de como endulza el madero de la Cruz la amargura de la vida?
Más adelante, rumbo al Monte Sinaí comenzaron con hambre, con el hambre añoraron los calderos llenos de carne en Egipto y de nuevo, le reclamaron a Moisés, quien a su vez intercedió ante el Señor por su pueblo. Dios habló al pueblo y les dijo que esa misma tarde comerían carne y al día siguiente pan en abundancia.

Esa tarde llegó cantidad de codornices y a la mañana siguiente una sustancia que cubría la superficie de la tierra “...una cosa menuda y como machacada con almirez (mortero). Le llamaron maná y era blanco, del tamaño de la semilla de cilantro y su sabor como pastelillo amasado con miel...” (Éxodo 16, 31).
Con el maná que caía del cielo se alimentó el pueblo israelita durante cuarenta años que duró su viaje hasta Canaán.


Este maná es también figura o simbolismo de la Eucaristía que viene del cielo para alimentarnos en nuestro peregrinar por la tierra:

“Les respondió Jesús: En verdad, en verdad os digo, Moisés no os dio pan del cielo: mi Padre es quien os da a vosotros el verdadero pan del cielo” (Jn., 6, 32).
En otra ocasión, acamparon en un sitio donde no había agua y el pueblo estaba enojado, amotinándose contra Moisés y dudando de Dios, pero Él hizo que Moisés sacara agua al golpear una piedra y así se tranquilizó el pueblo.

En su peregrinar tuvieron que librar batallas, una de ellas contra los amalecitas en la cual ganaban terreno los israelitas cuando Moisés elevaba los brazos y los amalecitas ganaban ventaja cuando los bajaba, por lo que Aarón, su hermano y otro de sus compañeros tuvieron que sostenerle los brazos en alto con la vara de Dios hasta que se ganó la batalla al caer la noche.
Muchos Padres de la fe ven el símbolo de la Cruz de Jesús en esta figura. Claramente se ve como Dios nos sostiene siempre.

El Decálogo
Llegaron después de tres meses de caminar al Monte Sinaí, en donde Dios les da la Ley, es decir, los Mandamientos. Su Ley para establecer con ellos un pacto, lo que deben hacer o no hacer para mantenerse en el camino hacia Él, en su amistad. La Ley se las da en Diez Mandamientos, a los que se nombra Decálogo, este pacto o alianza que hace Dios con Moisés, es lo que se conoce como la Antigua Alianza. Con el Sacrificio de la Cruz, se sella la Nueva Alianza, que es la que nos rige desde ese momento. Esto no quiere decir que la Ley de Moisés es nula, pues Él mismo nos dijo: “Yo no vine a quitar la Ley, al contrario un nuevo mandamiento os doy: Que se amen los unos a los otros como yo os he amado”.
Los israelitas veían humo y escuchaban truenos provenientes del Sinaí, se atemorizaron. Moisés que sabía del amor de Dios por su pueblo, los calmaba, pues sabía que eran como niños que obedecían más por temor que por amor.

Muchas leyes y mandatos encontramos en el libro del Éxodo, que define las obligaciones de los israelitas para con Dios, otras para establecer leyes de relación entre ellos mismos, sobre todo para esa peregrinación de cuarenta años.
Moisés hablaba mucho tiempo con Dios, y continuamente en el Sinaí. El pueblo perdía la fe, al no verlo por largo tiempo, decidieron hacerse un becerro de oro para alabar y ofrecerle holocaustos.

Al bajar del Monte Sinaí Moisés se enojó tanto, que rompió las tablas de piedra en las que Dios había grabado el decálogo y ejecutó a muchos de los sacrílegos. Dios quería castigar al pueblo por sus tantas infidelidades, pero Moisés intercede por ellos.
El hombre muchas veces sacrifica la libertad, por la comodidad, se entrega a sus temores de fracasos por no luchar, por no confiar en Dios o por un ansia de una libertad equivocada que es no obedecer a nadie, a pesar de las consecuencias. Al olvidar nuestro destino nos convertimos en esclavos, perdemos nuestra libertad.
A pesar de que han pasado muchos siglos desde Moisés hasta nosotros, vemos como la historia se repite todos los días, el hombre es infiel, pero Dios siempre lo busca y le es fiel.

Preguntas para reflexionar:
·        ¿Estoy convencido que la Eucaristía es el verdadero alimento para lograr la salvación?
·        ¿Cuál es mi actitud ante la problemática de la vida, me olvido de Dios ante el primer obstáculo?
·        ¿Estoy consciente del valor de la Cruz en mi vida?
·        ¿Cuántos becerros de oro me fabrico?
·        ¿Soy verdaderamente libre, o soy un esclavo de mis pasiones, mi egoísmo, etc.?
Aplicaciones en la vida diaria:
·        Tratar de no perder de vista mi último fin y corresponder con la misma fidelidad que Dios tiene para conmigo.
·        Participar en el Sacramento de la Eucaristía cada vez que se me presente la ocasión.
Actividades sugeridas:
·        Completar las siguientes frases:
El ______ es el simbolismo de la Eucaristía.
Con Jesús se sella la _____________.
La Alianza en el Sinaí es llamada la _________________.
En el Decálogo encontramos _________________ que nos llevan hacia
__________.
El pueblo de Israel se desesperaba porque no _______________ en
Dios.

Lecturas de apoyo:
·        Catecismo de la Iglesia Católica num. 1094; 1334; 2052-2082.
·        Éxodo 20, 2-17; 19, 1-25; 32, 1-24.

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